Martín Zarza De Miguel García Serna: La desdichada historia de un perdedor de libro

Una oportuna herencia inesperada, la promesa de una vida nueva y un largo y agitado camino por andar. La novela Martín Zarza del joven escritor gaditano Miguel García Serna es la desdichada historia de un personaje tan real que asusta. Una historia llena de verdad, tan real como la vida misma ‒la fútil vida de toda una generación perdida‒ que, le pese a quien le pese, cuenta grandes y duras verdades como puños. Cuando Martín Zarza descubrió que había heredado el piso en Sevilla de un tío al que apenas podía recordar, encontró en tan inesperado regalo la oportunidad única de huir de una existencia vacía, cambiar de aires e inventarse una nueva vida muy lejos de Madrid. Con su primer trabajo conocido, Miguel García Serna nos cuenta la insustancial historia de Martín Zarza ‒insustancial la historia de Martín, no el relato de esta novela‒, un joven artista audiovisual de gran talento que, decepcionado con el complejo pero siempre inspirador mundo del cine, decidió renunciar a sus sueños y a un prometedor futuro en el séptimo arte a cambio de una existencia mediocre, una irrelevante vida carente de sueños, metas y objetivos dedicada a malgastar el tiempo en todo tipo de empleos temporales, insignificantes, mal pagados y sin ningún tipo de proyección de futuro. Un personaje tan cercano como atractivo que, ahogado por un presente sombrío, deberá afrontar las muchas dificultades de empezar una nueva vida en una ciudad asolada por la falta de oportunidades y el desempleo.

Se podría decir que Martín Zarza es un perdedor modelo, un perdedor de libro: nunca llegó a acabar la carrera de Comunicación Audiovisual, rechazó por completo su sueño de convertirse en un cineasta de culto ‒había perdido todo el interés en el mundo del cine‒ y su anodina vida se limitaba a malgastar el tiempo en un trabajo insulso, absorbente y sin ninguna proyección de futuro. Aunque no fue nada fácil tomar la gran decisión, la necesidad que le ataba a ese trabajo que odiaba, el autoimpuesto miedo social a lo desconocido, las promesas vacías de un contrato laboral en condiciones, un salario de verdad y demás «privilegios» y por supuesto, las consecuentes amenazas de aquellos que rechazaban su necesidad de cambio no consiguieron disuadirle: Martín tenía ante sí la oportunidad de cambiar de vida, por fin sentía que podía respirar, y no estaba dispuesto a renunciar a ella. No importaba nada lo que dijeran: su vida
estaba cambiando de rumbo y su nuevo futuro estaba en el sur. Martín Zarza había puesto punto y final a una etapa y estaba dispuesto a empezar de cero en Sevilla.
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Después de un tranquilo y muy necesario periodo de adaptación a su nueva realidad ‒la realidad de vivir en una nueva ciudad y en su propia casa‒, y con la cuenta corriente temblando, Martín Zarza deberá afrontar la ardua tarea de encontrar un empleo, cualquier empleo, en una ciudad arruinada por el paro y además, hacer frente a las muchas dificultades inherentes a la escasez de fondos.

En el relato de la desdicha y la verdad de una realidad que nos es muy cercana, cobra especial importancia el uso de un lenguaje claro y muy directo sin grandes florituras ni artificios. La intercalación de las intervenciones de dos narradores diferentes ‒el narrador externo y el narrador interno protagonista que es el propio Martín Zarza‒ enriquece el relato con un punto de vista más subjetivo. A modo de diario, las aportaciones de Martín son claves para acercarnos a la historia y darnos la oportunidad de conocer mejor a su protagonista. Destaca el papel protagonista de la música en una historia que cuenta con una banda sonora propia para dar vida al relato. «Bottom of the sea» de Muddy Waters, «Decades» de Joy Division, «English towns» de The Stranglers o «Absolute beginners» de David Bowie son solo algunos de los temas que marcan el ritmo de esta historia. Al pesimismo y al desaliento inherente al relato se suma un desenlace totalmente inesperado y demoledor que contribuye a alimentar la sensación de desesperanza y decepción que define el tono de la narración. Un final imprevisto, desconcertante y devastador que rompe el relato, precipita el cierre repentino de la historia y te deja con ganas de más. Que levante la mano quien necesite saber más de Martín Zarza: ¡queremos una segunda parte!
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Bea García Cazorla para Atelier Alicante
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